miércoles, abril 18, 2007

Quiero una tarde hippie.-


Creo que a veces uno como persona no conoce sus necesidades (a veces pienso que empiezo a escribir como el joven de alguna película), solo se conoce el despecho, esa angustia y leve tristeza (si se pudiera llamar así), de esto que pasa dentro de uno..En muchas ocasiones se niegan las respuestas, los momentos de pensar y meditar se cortan, arremeten contra ellos, esa vida diaria que a veces termina por acabar a las personas sin que estas encuentren las palabras que buscaban, el significado de sus vidas y las respuestas a lo trágico y cómico del ser humano.

Preguntas hay miles, son pocos los que amparan en sus estrechos lazos hacia mi amistad los que han olido la esencia de mi filosofía, de mi locura, mis cuestionamientos y mis intenciones de cortar con el dolor, para no sentir como arden y punzan las heridas de algo que nadie me ha podido explicar.

Una tras otra. Es una tras otra la que tengo que conocer, investigar, comprender....Quizás las flores, los animales y el árbol que resguarda mis tristezas, mis alegrías y mis amores, son lo que tengan la verdad de mis “porques”, la sabia natura que el hombre negó cuando se volvió ciego, avaro y obsesivo, para transformar el mundo en una forma plástica de vivir. No se quien mas aquí se degusta mirando las nubes tendido en el pasto, al lado del sabio árbol y las chillonas, provocativas y románticas flores. Armando y construyendo mundos de algodón en telas celestes, tirando al tacho el volkswagen o el peugeot para citar en su imaginación un simple automóvil formado en una suave, pero querendona nube....

Pero pensando en las dificultades de su existencia, porque abres los ojos y vuelves al mundo sintético.

Son mis tardes Hippies.... Salía del Liceo y me dirigía junto a las amistades con un paso connotativo a la paz. Dejábamos nuestras mochilas en estelas verdes donde apoyábamos la cabeza y disponíamos a reposar nuestras espaldas para aquietar el regular ritmo de vida con la mirada extendida al cielo, y donde las voces improvisaban las opiniones de una vida hostil para estas personalidades.

Recuerdo las risas, las penas y un sin numero de singulares paraderos de mis emociones en estos paréntesis que le dieron un poco de sentido a la vida. Recuerdo el camino a casa luego de esas citas con mi interior, el paso agotado, y luego mi vista y mi frente mirando sobre una cama los muros con una sensación opaca de tristeza quien sabe porque. Tarareaba el punteo de una guitarra y su melodía lenta, pero llena de palabras, de sentido y de sentimientos.

Sería feliz soñando toda mi vida, sin ser un infeliz (valga la redundancia) intentando detener los relojes de la sociedad que a veces tanto aborrezco, para darle intimidad a mi alma de explorar en versos concretos sus sentimientos que se desbordan ahora por mi pecho. Lo difícil es objetar esto en una vía, el sueño eterno.

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